Semáforos

La recuerdo por 48 km haciéndome sexo oral mientras conducía su auto del año, a 20 kilómetros por hora rogando a los dioses por cada semáforo en rojo.

Mientas ella tiraba billetes al aire y e intentaba quitarme la ropa frente a todos. Le debo haber robado 12 millones de pesos esa noche, para ella solo la propina. Así era nuestra vida.

Mire al cielo, las estrellas perfectas haciendo eco con todas las cosas en mi cabeza. Recuerdo a Francia con su pelo rubio, es el tráfico en Américo Vespucio mientras le voy tocando la pierna y un poco más allá.

Llevaba borracho semanas , jugando de habitación en habitación , recorriendo la ciudad y siendo fantástico con ellas.

Hoy sigues presente.

Infielmente tuyo,

Javier

Códigos

Habían códigos que no podía romper, no por absurdas lealtades, simplemente quería que todos aprendieran lecciones a su propio ritmo.

Hablamos con Catalina sobre libros, mientras la tercera cerveza me tienta a decirle que su novio es un imbecil jajajajja

Yo también lo soy, pero por lo menos honesto al respecto

Infielmente tuyo,

Javier

Tragedia

Ella lo mencionó una vez, sí la ultima rubia que conocí en Santiago de Chile.

– Todo lo que escribes, todo lo de tu vida parece una tragedia

– Lo es cariño – Comenté abstraído de la escena y recordando mis últimas publicaciones.

Todo es tragedia en la vida de escritor.

Combinaciones perfectas

Había olvidado esa sensación: conducir al oeste, el sunset de colores carmesí, el viento en el rostro, yo solo conduzco relajado con la mirada fija mientras la luna es testigo de toda la escena.

Y estoy en algún lugar de Santiago abriendo capítulos de mi niñez, escenas violentas, otros capítulos de locura y amor.

Hay una sensación en el aire, exquisita por decirlo de alguna manera.

Por que un hombre tendría el afán de destruirlo todo una y otra vez ?

Infielmente tuyo,

Javier