No ha sido tarde para mi.

Mis ojos y  la torpeza de mis movimientos me delatan. Había dormido tal vez 2 horas la ultima noche. Esta vez no precisamente por pensamientos angustiosos o propios del chico suicida, quien últimamente ha estado lejos, bastante lejos como para tener una pizca de fuerza. Hay una energía, única que había experimentado antes, exactamente la misma sensación de cuando estábamos mas juntos que siempre, cuando la gente se maravillaba de nosotros, donde irradiábamos una energía tan especial. Le llamábamos amor y aun lo hacemos. Aun no sabemos muy claro que sucederá con nosotros, pero hemos construido algo tan fuera de serie, algo que transciende espacio-tiempo, aquello que acepta mis peores equivocaciones y celebra mis triunfos. Aquello me exige, me hace madurar y hacerme cargo de mis decisiones.

No soy el mismo de hace un par de meses, no soy el mismo que llego ha este lugar, fingiendo mil cosas, creyendo que otra vez haría de las suyas, de sus juegos de mente. Al mismo tiempo lo soy y eso me mantiene alerta, un golpe a la humildad único. Una lección que no se me podría haber dado de ninguna otra forma. No me siento muy orgulloso de haber puesto mi vida en riesgo tantas veces, de una manera egoísta, haciéndome daño principalmente a mi y sin querer, involucrando a terceros. He sido la mayor parte del tiempo un cobarde, jugando a ser un niño mimado soberbio e indolente, justificándome en mis buenas intenciones, eso no me ha permitido crecer.

Llegue a convencerme de que las noches tras las rejas, las palizas, el sexo sin sentido, el loquero, la poesía y el roce con la muerte eran solo buenas historias, parte del cliché, aquello que alimenta el ego, aquello por lo que seguro muchos me recuerdan. Y otra parte de mi tan sensible como para hacer a cualquier hombre llorar, aquella parte que levantó a su madre mas veces de las que debía. Aquella que tu conoces mejor que nadie, aquella que  abre cualquier corazón.

Solo hoy, cuando puedo explotar todo mi potencial es cuando me puedo sentir en paz. Sin tener que ocultarme, sin tener que usar armaduras. Mis mayores prisiones han sido las de mi mente, que aun intenta sabotearme en la búsqueda del placer, pero está mi corazón, que ha sabido gobernar y salvarme la vida.

Quien lo diría,  pero hoy día a día combato por mi libertad, el combate más lindo que puede existir y que seguramente me tomará la vida entera y tal vez otras. Algo que aprendo a disfrutar y que hace renacer mi espíritu aventurero. Esa era la aventura real.

Me asombro, no ha sido tarde para mi.

Javier

 

Autor: jstrahalm

Just a boy . . .

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