Cariño no jugaba contigo cuando te decía que no tenía idea sobre que día era o a qué hora me iba a casa, tampoco exageraba si te contaba que incluso a veces no recuerdo si la luz roja indica detención o cruzar a máxima velocidad.
Y los rumores son ciertos, me dirijo donde clavo la mirada, sea cual sea el precio, sin distinguir a quien pertenece ese corazón, implacable en la seducción, saciando tal vez que carencia, al parecer el único con coraje de admitirlo.
Estoico
