deseo, la colega

Ella comenzó con su escote,
sin que se lo pidiera, buscándome en la desesperación.
me decía que le sobraba la ropa y donde se encontraba la agobiaba el calor,
se quito la parte superior del vestido,
un sostén de encaje blanco con dos pechos perfectos,
que maravilla, causaba estragos.

Me acomode en mi asiento,
lo que quedaba de vestido, casi en un acto de magia ya no figuraba en la escena,
las luces bajas,
las television encendida,
la sangre en la entre pierna.

Levemente paso por mi idea la sugerencia de mi psicóloga,
que no siguiera acostándome con colegas de la oficina,
que era jugar con fuego.
Pues ahí estaba otra vez,
viviendo como si no hubiese mañana.

Comenzó a jugar con su cuerpo,
tanga negra cubriendo su sexo,
y jugaba con el deseo,
de mantenerme cogido por la desesperación de consumirla,
muestra y esconde,
en un juego que tal vez ya sabe de memoria.

Y se lo quitó todo,
mordia sus labios,
cerraba sus ojos y gemia,
como si quisiera ser asesinada,
como si quisiera sacrificarse por placer.

Ya no puedo mirarla sin sentirme un depravado,
sin querer saciar todas aquellas fantasias animalescas,
todos esos crímenes que suelen guardar.

Ella me busco y me encontró,
en el instante preciso,
cuando no hay ataduras.

La búsqueda del placer es maravillosa,
no te vuelvas adicta a mi,
ya ha pasado antes.

Infielmente tuyo,
Javier

Autor: jstrahalm

Just a boy . . .

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