La canuta parte I

“Cuando escribo, yo soy el héroe de mi propia mierda”. – Hank

La Canuta parte I

Basto compartir algunas referencias literarias a través de mensajes para llegar a su departamento, puse una tira de condones en el bolsillo interior de mi chaqueta azul, ¿me pregunto si para ello se crearon los bolsillos?.

Ella me advirtió de que debíamos guardar silencio, su compañera de departamento debía levantarse mañana temprano, prometí antes de salir de casa ser la persona más silenciosa, incluso si fuese necesario no decir nada durante toda la noche, estaba dispuesto.

Me pedí un taxi, siguiendo una dirección que sigo sin descifrar, pero a unos 15 minutos de mi departamento, el reloj marcaba cerca de las 2 de la mañana, un sábado posiblemente, mientras las prostitutas adornaban las esquinas, entre largas piernas, pequeñas carteras y gran cantidad de maquillaje, apostábamos con el conductor a si serian hombres o mujeres, yo sin duda caería, de todas maneras. Nada de eso importa.

Me quiso recibir en la entrada, seguramente para tener certeza de que no seria otra persona, para estar completamente segura si un personaje como yo podía ser real, caminamos por un laberinto hasta el ascensor y subimos al piso 14. Ella no era especialmente mi tipo, pero vamos,  todas son mi tipo !

Recuerdo el aroma de ese pequeño departamento, perfume de mujer mayor, cuando la carne está en desuso, cuando el deseo se tiende a olvidar, olor a religiosidad, flores marchitas, nunca pensé que podía percatarme de tantas cosas en una primera impresión. Toda la conversación giro en torno al arte, a la escritura, lugares, poesía, educación, filosofía, vida. Yo sentado en la pose mas arrogante que existiese, mostrando mis cicatrices como trofeos, mi mente es un territorio tan atractivo para explorar, fascinación de muchas mujeres.

Como si se tratase de una broma, menciono su inclinación hacia la iglesia, mire al cielo y pensé, hijo de puta, me estás jugando una broma, mire a todos lados en búsqueda de una cámara oculta, la venganza de todas ellas. Busque la ventana, miré mi teléfono y supe en ese momento que no llegaría jamas a quitarle las bragas. Maldije, cargando una erección de casi 20 centímetros, evidente en mi pantalón, aun mas en mi rostro, cuando dios te quiere joder, puede tener mucho estilo. Fue hora de bajar el telón y volver a mi departamento, sin excusas, no me interesa.

Mientras me detuve en la estación de servicios a comer algo, recibí un mensaje:
– “Tenia unas ganas tremendas de besarte y muchas otras cosas más, me he quedado con las ganas”.

Creo que en ese momento aprendí a “silbar” y detuve al taxi que se retiraba, le pedí que sin preguntas y con la música a todo volumen me llevara de vuelta al mismo lugar de donde venia . . . . .

Continuará ….

 

 

Autor: jstrahalm

Just a boy . . .

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