La mujer del nombre mapuche queda sentada frente a mi aquella noche de viernes, cuando no recuerdo en que país estoy, si en Francia o Alemania. Para variar se todo lo que está ocurriendo, la verdad conozco todos los posibles desenlaces, pero ella me interpela:
– por que te expresas así? – preguntó
– como un idiota? – rápidamente agregué
– como si fueras una especie de artista – replicó
– Lo soy – finiquité
Bailé esa noche de viernes como si no hubiera futuro, cómo si mi cuerpo necesitara saltar, moverse, liberarse.
No te busque, simplemente fuiste nombrada como una conversación o una vieja historia sobre el real significado del amor.
Hoy he sido encandilado, cerca de las 9 de la mañana.
Infielmente tuyo,
Javier

