Mientras suena de fondo algo de Dido,
las viejas canciones se asoman despacio, como perfectos criminales, como perfectas pistolas cargadas.
Ironias,
Estoy en la habitación de algún hotel de la maldita ciudad,
recuerdas esos dias en que tenias que buscar por comida en los basureros,
todo eran sobras.
No soy quien deja la habitación esta noche,
y no tengo el coraje suficiente para invitarte a dormir.
Seria una excelente noche para planear otro suicidio,
seria una buena noche para embriagarme en poesía.
Una caja de condones adorna la habitación,
mi motocicleta estacionada en el subterráneo del edificio.
Un par de aros sobre el escritorio,
la mirada perdida.
Ironias.
Infielmente tuyo,
Javier
