hiprocitas, más que yo . . .

si . . . me podría la misma chaqueta y golpearia la puerta fuerte como lo había hecho aquella vez, lo siento por los vecinos, pero fue un arrebato poético, incluso cuando me dejaste claro que tuviste miedo. Yo por mi parte forcé la puerta y me deje llevar por el instinto aquella noche maldita, cuando aun vivía con Pilar y frecuentaba el cerro Placeres en Valparaiso, pareciera otro tiempo.

La misma razón por la cual corte mi muñeca derecha, la misma razón por la cual vendería mi alma al infierno, a dios y su gente, a los hipócritas

infielmente tuyo,
Javier

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