
Fui poseído nuevamente por esa energía descomunal,
las posibilidades se vuelven infinitas.
¿Debería volver a llamar?,
incluso después de haber desaparecido por tanto tiempo,
repentinamente, tantas veces.
Quizás solo tocar una puerta,
jugarme la vida por una oportunidad,
cargando una pistola,
apuntando directo a mi cabeza,
obligándome a tener sabiduría en cada movimiento,
en cada respiro.
¿Cuánto debería avanzar el reloj?,
que afán más absurdo eso de contar las horas.
Cada amanecer sigues ahí.
Infielmente tuyo,
Javier
