El que ha sabido vivir bien conserva una sonrisa eterna que va más allá de una mueca mal fingida, sino que va más por el lado del espíritu. He transitado entre el infierno y el paraíso, muchas veces con el acelerador a fondo, disfrutando la mayor parte del paisaje, respirando lento, con los ojitos cansados y generando más caos de lo que me podría proponer. He mirado la vida muchas veces con desprecio, otras con un amor desmedido.
He recibido golpes que podrían aturdir a cualquiera, he cortado mis muñecas para sentir un poco de realidad, me he atado la soga al cuello más de una vez solo con el afán de querer ir más allá.
He perdido la cabeza otras tantas, he conocido mujeres maravillosas, atractivos únicos, peculiares, poesia.
Sigo prefiriendo el amanecer, los horarios absurdos, la tozudez, el camino solitario, el vivir un poco más fuera de la norma, incluso de la ley. La mayor parte en calabozos mentales, ahí donde podría asesinar, esclavo de la paranoia.
