Y solo esperas la siguiente dosis, mientras te vas quedando solo. Aquello te encanta, lo adictivo de la soledad, del vivir sin explicaciones, mi mayor adicción sin duda.
Al borde de un exquisito precipicio, con una vista que dejaría sin respiración a cualquiera, mientras mi corazón se acelera. Dios, no puedo dejar de pensar un una mujer.
Hubo demasiada gloria.
Infielmente tuyo,
Javier
