Y así, rompiendo cualquier norma, a eso de las 23.00 horas del sábado me monté en mi motocicleta, 2 condones en mi bolsillo izquierdo y un poco de cocaína en el derecho. Siempre muy atento a la policía, siempre creyéndome ir a 10 pasos adelante de todos.
Estratégicamente me estacioné afuera, ustedes saben, las ganas de salir siempre arrancando son fuertes, yo me sé todas las vias de escape.
- «Tengo un botón de emergencia en caso de que me quieras asesinar» – confesó.
- «No tengo intenciones de matarte aún» – Respondí relajado.
Me fuí al baño mientras preparaba los primeros tragos de lo que sería una noche interesante en compañía de una psiquiatra, me armé una perfecta línea para salir del estado de letargo que el insomnio había dibujado sobre mí.
Follamos como si el mundo se fuese a acabar, follamos como follan dos personas de diferentes partes del mundo y que no les importaría morir ahora.
Fue al closet, sacó una pastilla y desperté con el peso del mundo en mis hombros.
Menuda noche,
fascinado
Infielmente tuyo,
Javier
