Tomé la costumbre de dormir abrazado a la almohada, me he retirado por un tiempo de las amantes peligrosas, no podía más con aquella resaca suicida.
Y simplemente corrí por la ciudad en horarios absurdos, leí los libros pendientes y sentía que podía escribir tal como quería.
El sentirse invencible y la fragilidad no tenían nada de contradictorio, así como las flores en invierno.
Infielmente tuyo,
Javier

