
Pensaba en el titiritero,
y en cómo a él le gusta volverme loco en algunos asuntos.
No tengo la cabeza muy despejada y un poco de bronca injustificada. Sonrío de todas maneras y miro todo alrededor con ojitos cansados, quizás cuando mejor sabe el café y las palabras se vuelven más certeras.
Que deleite la gravedad;
mientras siento el peso del mundo en mis hombros.
Javier
