Si fuese un cobarde alimentaría el fuego,
olvidaría la mesura y asesinaría la prudencia.
Si fuese egoísta,
enviaría todos los días un mensaje a las 04:59 de la mañana,
solo para pensar en aquella sonrisa que sería el mejor desayuno.
Si hoy fuese un irresponsable,
hubiese cogido el primer vuelo con destino al sur y aparecería frente a tu habitación.
Nunca experimenté este tipo de contradicciones,
pero me permiten dormir.
Javier
