Al hombre dormido, el juego de la masas.
Y si un día apago la luna,
Para que el hombre dormido la anhele,
Debería deshacer los matices del día y la noche,
Para extrañar el deleite fresco del amanecer,
La ternura del atardecer, los colores mágicos cuando cae el sol.
Cuando terminemos de enfermar los mares,
La belleza de la caricia apasionada,
¿Será ahí cuando despiertes?
Deberé exponerte a la muerte,
Al pánico, a la locura.
¿Te muestro el reloj viajando en reversa?
Inventa las horas,
Follate la vida,
Despierta,
Emborráchate en poesía,
En fuego,
En pasión.
No te rindas.
Javier

Jamás!
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