Ella era una especie de satélite orbitando,
destructiva, creadora, maravillosa y cautivadora.
Y cuando se acercaba alteraba la gravedad,
solo para tantear tal vez cuantas fechorías había cometido,
cuantos crímenes debía confesar,
tal vez saber si había crecido;
Si había madurado de una buena vez
y había terminado con los juegos de niño.
Si me había convertido en un hombre
y si sabia mantener a raya mis demonios.
Para ser su hombre meteórico,
su amante eterno,
el padre de su hijo
Y por sobre todo su cómplice en un abrazo al infinito.
Siempre existe el amor para ti,
incluso cuando hay otros.
Infielmente tuyo,
Javier
