Dos clases de infierno – C.B.

Estuve sentado en el mismo bar durante 7 años,
desde las 6 de la tarde hasta las 2 de la mañana.
A veces no recordaba haber vuelto a mi habitación,
era como si estuviera sentado en ese taburete continuamente.

No tenia dinero pero de alguna manera seguía poniéndome copa,
no era el payaso del bar, sino más bien el bobo,
pero a menudo,
un bobo es capaz de encontrar alguien más bobo que lo invite a beber.
Por suerte era un garito concurrido.

Pero yo tenia un punto de vista,
estaba a la espera de que ocurriera algo extraordinario,
sin embargo a medida que iban transcurriendo los años ,
no ocurria nada a menos que lo provocara yo.

Un espejo roto en el bar,
una pelea con un gigante de dos metros y pico,
un filtro con una lesbiana,
la capacidad de llamar al pan pan y el vino vino
y resolver disputas que no había empezado.

Un dia sencillamente me levanté y me fui,
así, sin más.
Y al empezar a beber a solas,
mi propia compañía me resultaba más que satisfactoria.
Luego, como si a los dioses les incordiara mi tranquilidad de espíritu,
las mujeres comenzaron a llamar a mi puerta.

Los dioses enviaban mujeres al bobo,
las mujeres llegaban de una en una,
y cada vez que se marchaba alguna,
los dioses enviaban a otra de inmediato,
sin darme el más minimo respiro.
Y todas parecían al principio un nuevo milagro,
pero todo lo que al principio parecía maravilloso,
terminaba mal.
Culpa mia claro está, eso solían decirme.

Los dioses son incapaces de dejarle a un tipo que beba solo,
tienen envidia de los placeres sencillos.
Así que envían a una mujer que llame a tu puerta.

Recuerdo todos aquellos hoteles baratos,
era como si todas las mujeres fuera la misma.
El primer delicado golpecito en la puerta de manera y luego,
vaya, he oido esa música tan hermosa que escuchas en la radio,
somo vecinos,
estoy en la 603,
pero nunca te he visto por el pasillo,
adelante, y la santidad se va al carajo.

También recuerdas aquella vez,
que te acercaste por detrás al gigante de dos metros y pico
y le tiraste el gorro vaquero,
al tiempo que gritabas,
– eres tal alto que seguro que no puedes chuparle los pezones a tu madre,
y alguien del bar dijo:
– Oiga caballero, olvídelo, está grillado. Es un gilipollas , no sabe lo que dice.
– Se exactamente lo que digo y voy a decirlo otra vez. Eres tan alto que seguro….

La pelea la ganó el, pero no moriste.
No tal como moriste por dentro después de que los dioses dispusiera que todas esas mujeres fueran a llamar a tu puerta.
La pelea a puñetazos era más limpia, el era lento, estupido, incluso estaba un poco asustado y la batalla te fue bastante bien durante un buen rato.

Tal como te fue al principio con todas esas mujeres
que enviaron los dioses.
La diferencia, decidí, estribaba en que al menos tuve una oportunidad con las mujeres.

C.B.

Autor: jstrahalm

Just a boy ...

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