Al final del día, cuando estaba bebiéndome la última cerveza de la noche, el gran triunfo fue siempre mirar al cielo y darme cuenta que nadie llamó a mi teléfono.
Un poco macabro no ?, un poco desquiciado dirán algunos . Pero se volvía cada vez más extraño, quizás era mi manera de sobrevivir a lo absurdo de la gente, a sus maneras , sus arrebatos, sus manías, sus miradas.
Nadie asistió a mi funeral. El puto idiota mantuvo su postura
Javier
