ahí estaba yo, ya no tan desesperado como de costumbre, pero sí como siempre captándolo todo. Leyendo un cuento sobre como los padres van al oeste, lugar que para mi siempre ha significado ocaso. Transitando por el pasillo de un edificio desconocido para mi.
Mientras la desesperación y la tensión hacen circular la sangre a mis lugares favoritos.
Ella se abalanza sobre mí y yo me vuelvo objeto del deseo, me pierdo y eyaculo sobre un chaleco negro que solía ser de su padre.
El toque de queda se pronuncia y debo acelerar a toda velocidad, más cuerdo que de costumbre, más sobrio que de costumbre.
Eso comentó desde el otro lado del mundo, mientras yo repasaba lo que había sucedido en esa habitación de Hotel días después de haberme jugado la vida en un departamento de la ciudad. Quizás el juego previo fue otra maniobra del chico suicida. Nada es casualidad.
El sujeto necesitaba el «rush» constante, la emoción que la mayoría de las vidas no entregaba. Mientras el común de los mortales se conformaba con un buen trabajo, el sujeto en cuestión iba a transitar en los extremos, una y otra vez. Al no encontrarlo en el rigor del día encontrará cierto alivio en sustancias, ya sea alcohol y todo tipo de drogas. En conductas límites, el sexo descontrolado, las peleas callejeras, cortes en las muñecas o acelerar a toda velocidad.
El sujeto piensa que el dormir es una estupidez a la existencia, las raices un estorbo y el amor un lugar donde no debería jugar.
Todo parece más claro con una navaja cercana a la yugular, eso pensaba mientras la peluquera hacía su mejor esfuerzo. La radio Peruana sonaba desfasada en una hora producto de la latitud.
Mientras yo buscaba la posición de las tijeras en caso de que debiera defenderme producto de alguna mala locura.
No hay más juegos, solo tiros certeros. Ha sido una semana jugándome la vida.
Mis grandes lecciones, mis grandes tragedias. Voy a deshacerme de toda la sustancia, toda la basura.
Mientras mi nariz aún sangra producto de mi última sobredosis y los demonios duermen.
Él reparte las cartas como una forma de meditación, y las personas con las que juega nunca sospechan que no juega por el dinero que gana. No juega por respeto.
Él reparte las cartas para encontrar una respuesta, la sagrada geometría de la oportunidad. La ley oculta de un resultado probable, los números lideran un baile.
Sé que las picas son las espadas de un soldado. Sé que los tréboles son armas de guerra. Sé que los diamantes significan dinero para este arte, pero esa no es la forma de mi corazón.
Puede que él juegue con la jota de diamantes, puede que él saque la reina de picas. Puede que él oculte un rey en su mano mientras su recuerdo se desvanece.
Sé que las picas son las espadas de un soldado. Sé que los tréboles son armas de guerra. Sé que los diamantes significan dinero para este arte, pero esa no es la forma de mi corazón. Esa no es la forma, la forma de mi corazón.
Y si te dijera que te quiero, puede que tal vez pienses que algo va mal. No soy un hombre de muchas caras, la máscara que llevo es solo una.
Pero aquellos que hablan, no saben nada. Y lo descubren a su costa. Como aquellos que maldicen su suerte en demasiados lugares, y aquellos que temen la pérdida.
Sé que las picas son las espadas de un soldado. Sé que los tréboles son armas de guerra. Sé que los diamantes significan dinero para este arte, pero esa no es la forma de mi corazón. Esa no es la forma de mi corazón. Esa no es la forma, la forma de mi corazón