Escupí al cielo

Pensé que conocía tan poca gente que había raspado o indagado en lo profundo de la vida, pensé que quizás todo siempre trataría de un buen amor, incomprensión, madres con sobredosis y sensaciones de no pertenencia.

Había tanto más allá, todos sufrían sus grandes tragedias, era tan importante como cuando francisca se rompió una uña como cuando Julian saltó del piso 23 de edificio.

Nuestras grandes tragedias, nuestras grandes batallas.

Tomé a mamá con fuerza y le dije a mis 9 añ0s: «No entiendo como no puedes parar, se trata de voluntad»

A mis 27 años mi di cuenta de que escupí al cielo.

Infielmente tuyo,
Javier

Yess, psquiatra

Y así, rompiendo cualquier norma, a eso de las 23.00 horas del sábado me monté en mi motocicleta, 2 condones en mi bolsillo izquierdo y un poco de cocaína en el derecho. Siempre muy atento a la policía, siempre creyéndome ir a 10 pasos adelante de todos.

Estratégicamente me estacioné afuera, ustedes saben, las ganas de salir siempre arrancando son fuertes, yo me sé todas las vias de escape.

  • «Tengo un botón de emergencia en caso de que me quieras asesinar» – confesó.
  • «No tengo intenciones de matarte aún» – Respondí relajado.

Me fuí al baño mientras preparaba los primeros tragos de lo que sería una noche interesante en compañía de una psiquiatra, me armé una perfecta línea para salir del estado de letargo que el insomnio había dibujado sobre mí.

Follamos como si el mundo se fuese a acabar, follamos como follan dos personas de diferentes partes del mundo y que no les importaría morir ahora.

Fue al closet, sacó una pastilla y desperté con el peso del mundo en mis hombros.

Menuda noche,
fascinado

Infielmente tuyo,
Javier

demasiada gloria

Y solo esperas la siguiente dosis, mientras te vas quedando solo. Aquello te encanta, lo adictivo de la soledad, del vivir sin explicaciones, mi mayor adicción sin duda.

Al borde de un exquisito precipicio, con una vista que dejaría sin respiración a cualquiera, mientras mi corazón se acelera. Dios, no puedo dejar de pensar un una mujer.

Hubo demasiada gloria.

Infielmente tuyo,
Javier