Tenía una sed de rebeldía que pocos podían imaginar, no podía pensar en mí mismo como un anarquista, porque muchos de mis pensamientos y emociones no sustentaban mayor fundamento.
Sentía un fastidio constante por el status quo, repudio contra la burocracia y las medidas tradicionales.
Intentaba constantemente alejarme de las estupidez de las masas, quizás aquello era lo más contagioso.
No había motivo para seguir a las masas, no hay razón para caminar por senderos ya trazados.
Se nos sugiere dormir demasiado, se nos incita a mantenernos en calma. No hay nada como mantenerse en movimiento, en horizontes cambiantes, no hay nada de malo en seguir a la luna y disfrutar cada una de sus fases.
Yo he perdido la cabeza y me siento tan orgulloso de ello.
Desperté con una necesidad brutal de teclear, de seguir vomitando palabras que quizás tenían solo sentido para mi.
Me puse a recordar la intensa conversación que había tenido con Matias en mi habitación de aquella casita preciosa en El Arrayán, cuestionando mi cobardía y mi falta de coraje al no buscarte, al no buscarlos. Fue una sacudida de aquellas, yo que justificaba mi distancia con amor y prudencia, yo que me excusaba en no estar listo y orgulloso de mi falta de egoísmo. Me dí cuenta que no era más que cobardía, debería tocar tu puerta una y otra vez, debería forzar la realidad y cruzame una y otra vez por tu camino y seguir de manera frenética escribiendote, mientras miro la luna y pierdo la cabeza.
Días después apareciste y yo que tenía tantas cosas que decir me quedé congelado, hipnotizado por aquellos ojos.
Quisiera otra dosis, asumiendo todas las consecuencias.
He estado visitando la montaña en búsqueda de un poco de silencio, escape del ruido, de la absurda idiotez en que se transformó la vida en la ciudad. Lo único que parece tener sentido son los niños jugando en el parque, libres y alocados sin importar encontrar un poco de sentido.
Hay momentos de optimismo, momentos de gloria pero debo ser honesto, la constante insatisfacción golpea fuerte, el anhelo de tus ojos asesina.
Te busco entre todas las personas, en la estupida multitud mientras nos vamos poniendo viejos y no tan sabios como pensamos, por lo menos yo no.
No había soñado con ella en demasiadas noches, quizás solo despierto en mis fantasías, entre el deseo y la melancolia.
Siempre tan clara en tus ideas, tan elocuente, sincera incluso al punto de que duela.
Me decias que podiamos vivir juntos, pero en habitaciones separadas. Quizás como lo hacemos hoy recorriendo quizás la misma ciudad, sabiendote presente pero perdiendome tu aroma y esos ojitos llenos de ternura.
Hoy es un lunes donde te extraño cariño, comienza el frío otra vez en el calendario y nos perdemos otra temporada.