Tardes borrachas

Cerebro cuántico y tus malas jugadas, un momento bien, al próximo de camino al bar, la misma sensación de vacío, las ganas de que suceda algo, que la vida ruja, que las horas se expriman y el corazón se acelere. Tentado por lo seductor, burbujeante, adictivo, etéreo. Me lobotomiza , me idiotiza e incluso me borra las cicatrices, como si la locura insana no hubiese existido y todo el daño hubiese sido una fantasía.

Hoy me he vuelto a salvar la vida, bendita escritura.

Me encerré en la cafetería hasta que paso

Javier

Piernas

Salí de la cafetería que tanto odiaba, la que representaba todo aquello que me causaba asco, pero claro como era un inconsecuente me gastaba algo de vida de todas maneras. Fue un martes de insomnio, día soleado, camisa sudada pensamientos promiscuous, ella me adelantó, caminar demasiado apresurado para los 8 centímetros de tacones, el vestido primaveral y la actitud de súper modelo, teléfono en la mano izquierda, doble expreso en la derecha, como un iman me fui tras de esas piernas, hipnotizado, cautivado e insensato. Ahora me encuentro perdido en la ciudad y seguramente llegaré tarde al trabajo.

Otra vez !

Javier

Le cambié la vida

Me crucé en su camino y empezaron a ocurrir cosa buenas, la ascendieron en el trabajo, se sintió guapa, fue y se comió el mundo, ahora ella era la reina.

Fue solo una hoja de felicitaciones por un trámite burocrático y su mundo conoció la magia.

Era realmente fácil para mi.

Lo importante

Eran las miradas,
sus ojos cansados y tristes,
testigos de los horrores de la vida,
Los mismos que observo
cuando jugamos en la cama.
Los que han roto un par de corazones
aparte del mio.
La sensualidad en sus gestos,
la sexualidad es sus piernas,
el juego maquiavélico al detenerme
cuando me entrego al impulso.
Hasta cuando me aparta de su mundo,
rogándome que crezca,
que me convierta en un hombre,
que entierre los juegos de niño.

Su manera poética
de prepararme el café
y elegir la canción correcta,
La fragilidad encubierta
en capas de dolor,
los abrazos sinceros,
sin horario, sin tiempo.
El magnetismo de su piel,
su sexo salvaje,
sus pechos sensibles
el descontrol y el orgasmo.

Y de que se preocupaba la gente ?
Autos, televisiones, trabajos, estatus y masturbación

Javier

Fueron tiempos dificiles

Mis primeros 17 años me pasaron la cuenta, no quiero decir que existan culpas, si muchas i rresponsabilidades. 

Las noches alerta, los sonidos extraños, los aromas que la delataban, un ojo abierto, nunca ambos cerrados, ambulancias, hospitales, esquizofrenia, epilepsia, fármacos, muerte, locura. Nunca quise que nadie lo experimentara, nunca pensé en hacer tal daño, sin quererlo lo hice, puta broma cósmica.

He sobrevivido al caos, creo que el manicomnoo y la cárcel estuvieron demasiado cerca.

Después de vivir 17 años con tanto miedo, con tanto pánico, algo ocurrió en mi.

Deje de sentirlo y eso fue lo que me llevó a la destrucción .

Aun no puedo sentir miedo ,ni siquiera respeto 

Javier 

Querían verdad y no la toleraban

Cuando me piden que sea completamente sincero,
trato de tener mucho cuidado,
generalmente termino haciendo mucho daño,
espanto a las personas
o decido alejarme.

Quieren la verdad
y no lo pueden tolerar,
cuando logro mostrar una pequeña pizca
de mi universo,
las personas tienden a espantarse,
quieren fuego en sus vidas,
pero no están dispuestos a quemarse.

Solo quieren ser espectadores,
quieren la gran historia,
pero solo vista desde el cine,
en cómodas tribunas y aire acondicionado.

Evitan el dolor,
quieren iluminarse sin conocer la oscuridad.

Cuando escribo la gran historia,
cuando digo que perdería la cabeza
una y mil veces,
cuando hablo de vivir intenso,
el perderse bajo las estrellas,
el navegar por mares infinitos,
las historias de amor y pasión.
Las cicatrices,
el despertar en lugares impensados,
el peligro,
el riesgo y el placer.

Hablo de lo más profundo de mis verdades,
lo único que me ha mantenido vivo,
la apariencia de cordura, es solo una mascara.

Esa es mi verdad.

Hoy fui un hombre

Contra todo pronostico
me fui a aquella fiesta,
las luces, los flahes, la música,
el frenesí.

Corrían y corrían las copas,
vino,
vodka,
cerveza,
wiskey
y todo lo que puedas imaginar.
Los demonios me mostraban las bragas,
me seducían, me mostraban aquel camino
de tanto placer.

Hoy los aplasté, los miré a la cara
y les dije que no.
Que tengo demasiado por lo que luchar,
no estoy solo esta vez y eso les quita poder.

No espero que me entiendan,
pero no puedo dejar de vivir,
de sentir y experimentar.
No voy a apagar lentamente mi vid
mientras la muerte
sigue a la vuelta de la esquina.

Javier