Finales de noviembre o tal vez ya diciembre de 2016:
Seguramente llevábamos casi un año de relación M.J. Debo ser completamente honesto, nunca me sentí enamorado, por momentos bastante embobado, éramos tan distintos, tu con todos tus prejuicios y cuadraturas de cabeza, yo un universo donde todo es posible. Un romance desgastado por la monotonía, algo que para mi es inaceptable.
Además de estudiar, trabajaba en la universidad, sentado tras un escritorio orientando a jóvenes, gran ironía siendo yo tal vez la persona mas perdida de todo el lugar. En ese minuto la llamé «sonrisitas», la chica mas guapa que vi en mis 3 años de universidad.
Siempre pensé que era mi cabeza haciéndome jugarretas y cada vez que pasabas me sonreías, tal vez con la mirada mas dulce y coqueta que he visto. Es increíble pero aun me sacas sonrisas de pensarte.
Debió ser un domingo, revisé facebook después de alguna discusión con M.J. y tenia un mensaje tuyo, no me sorprendí, la vida tiene una forma muy misteriosa de entregarme todo lo que deseo, soy un niño en una tienda de dulces con crédito ilimitado. Comenzamos a escribirnos, y te has decepcionado al saber que estaba en una relación.
- No lo creerías Francisca, pero acabo de terminar.
Te acercaste el lunes siguiente antes de terminar de trabajar. Vamos a tomarnos una cerveza. Me volví loco, la chicas más guapa de la universidad me ha invitado a una cerveza. Nos subimos a una micro y el coqueteo fue evidente, me doy cuenta que entre más directo soy y entre más miro a las mujeres a los ojos se vuelve más fácil llegar a ellas. Pedimos una mesa y empezaron a correr las cervezas. Me tenias cautivado, eras un caos, tal vez tanto como yo. Recuerdo que paso un vagabundo por nuestra mesa pidiendo limosna y no se te ocurrió nada mejor que invitarlo a sentarse y pedir otra ronda. Caí rendido en ese minuto. Nos besamos, y en el cuerpo mas sangre que cerveza nos fuimos a mi casa.
Bueno, ustedes ya saben lo que sigue, y saben muy bien cuando la ropa estorba, la química hace lo suyo.
Nos despertamos, la resaca maldita, hasta en ese momento seguías siendo guapísima, compramos agua y nos separamos.
Me escribiste una carta, que seguramente abandone en alguna casa donde viví, donde expresabas la manera extraña e increíble de como había movido tu mundo, de que yo era una persona totalmente distinta a las que tu conocías y que tenias miedo. Salimos un par de veces más.
Te asustaste y huiste. Cobarde Francisca sonrisitas, fue una buena decisión